Empezó en 1889 fabricando naipes. Estaban hechos a mano e hicieron furor en un Japón que no sabía casi nada de Occidente; sólo 35 años antes la Convención de Kanagawa había obligado a la isla a abrir dos de sus puertos al mundo exterior.
Fusajiro Yamauchi nunca imaginó y nunca supo -murió en 1940- que su pequeña empresa, a la que había bautizado Nintendo, se convertiría en protagonista de los jueguitos electrónicos y dejaría su marca en la Era de la Información. Hoy, con 3000 empleados, es la compañía más antigua del rubro, sigue haciendo juegos y se mantiene intacta, no habiendo sido adquirida por ninguno de los colosos del momento.
Sin embargo, muchos analistas la daban por muerta cuando dos gigantes entraron en el negocio de las consolas de videojuegos. Primero Sony, con la popular PlayStation, y luego Microsoft, nada menos, con la Xbox. Con Sony y Microsoft en rumbo de colisión, se previó que a Nintendo le aguardaba un sombrío destino. Frente a los 158.000 empleados de Sony y los 70.000 de Microsoft, no parecía tener ninguna posibilidad.
El que ahora se encuentre dominando el mercado parece extraño e inesperado. Pero es perfectamente lógico.